domingo, 19 de noviembre de 2017

Hagamos un pacto.

Me hace cierta gracia escuchar la canción de Pau Donés cuando dice "ahora que el ahora es lo único que tengo", como si alguna vez hubiéramos tenido algo más, como si el mañana existiera.

El mañana es una utopía, una ilusión, un amparo para dejar las cosas por hacer, o para reconfortarnos ante un mal momento. Puede estar o no, por eso cada día debe ser redondo, con principio y final, y no dar nada por sentado.

Por eso te propongo un pacto, el pacto del ahora.
Cada día te preguntaré: ¿quieres estar conmigo hoy?, a lo que responderás libremente sí o no. Sin dolor, sin culpa, ni pena.
Si fuera un sí, me quedaré, y viviremos ese día juntos, ya sea bueno, malo, o no sea.
Si fuera un no, te daré las gracias, y esperaré a ver un nuevo amanecer para volver a preguntarte. Cuando sume varios noes, dejaré de insistir. La pelota quedará en tu tejado entonces.

Puede que llegue el día en el que caigamos en la comodidad de la rutina, del presuponer que estaremos ahí cada vez que abramos los ojos, y mientras funcione, estará bien. Será un pacto tácito. Confiaré en que sean tus ojos quienes me digan ese sí sin preguntar.

Pero si me dijeran que no, o existiera una duda, las palabras brotarán de mis labios para formular la pregunta que nos trajo hasta aquí, para que tu voz confirme o desmienta mi sospecha,
y,  aunque duela, tenga que escuchar algo que nos rompa: hoy no quiero estar contigo.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Mi luna

Dentro de mí vive una luna, que crece y que mengua, que enloquece y aconseja.

A veces se vuelve oscura y pequeña. No piensa, pero ve con claridad lo que a los ojos se esconde.
No es momento de acción, sino de orden, de silencio, y de decir adiós a lo que ya no sirve. Es tiempo de mudar la piel, y también de mimo, y de descanso.

No se mantiene siempre igual, le gusta cambiar, y crece, aprende a caminar, se enfoca en nuevos objetivos. Estudia, aprende, y le da forma a sus proyectos. Es trabajadora y alegre, investiga y construye.

Le gusta celebrar cuando se siente llena y redonda. Se pone bella, llama a sus amigos, comparte, se divierte, revela su proyecto y su ilusión. Es espléndida, generosa, alocada, coqueta, parlanchina, enérgica y expansiva.

Pero no todo es siempre perfecto y lo sabe. Tras la fiesta hay que recoger los platos sucios y las copas rotas, hacer inventario, reorganizar las tareas, y desechar viejos contactos o proyectos que no llevan a ningún lado. Sin rencor, sin ira, porque puede llevar a la autodestrucción. Sólo se trata de reubicarse, discretamente, sin hacer ruido, sin publicarlo, buscando de nuevo ese consejo interior.

Es el momento de ir pensando en volver a la luna negra, de tomarnos de nuevo un momento de recogimiento, y hacer que el ciclo continue, tan necesario como las mareas.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Lluvia de niños

Yo quiero un cielo verde de nubes rosas, acariciado por las copas azules de los árboles amarillos.
No quiero normas en los pinceles, ni que otros elijan por mí lo que yo pinto.

Yo quiero un mundo abierto con muchas ventanas, que contemplen las distintas realidades de cada uno, con sus filtros y su forma de entenderlo y expresarlo, de sentirlo y proyectarlo sintiéndose libres, y no juzgados, condicionados y sesgados por lo tangible.

Yo quiero lluvia de confeti, relámpagos de serpentinas, y sirimiri de purpurina, que me moje la cara y me la adorne por semanas, que me haga brillar de colores, y contagie a otros cuando estornude de risa.

Yo quiero un paraguas con agujeros, que sólo deje pasar la luz y lo bueno, y que haga rebotar aquello que te roba la alegría.

Yo quiero bailar con katiuskas que parezcan de cristal, transparentes, que lleven ribetes de agua con peces de plástico que naden dentro, que no den calor ni frío, y que se sientan naturalmente atraídas por saltar en cada charco de hojas de otoño.

Yo quiero escuchar la música del viento, el cantar de los pájaros, y el bulle-bulle de las cocinas, todo en sinfonía de patio de vecinos, como cuando éramos niños.

domingo, 29 de octubre de 2017

Manos de luz.

Hay personas que tienen rayos de luz en sus dedos, y que te prenden cuando te tocan,
conectan tu corriente, y tu corazón y tus ojos se transforman en faros,
todo se vuelve más nítido entre sombras difusas de color, manchas sin forma con mucha información.

Puedes ver la energía en movimiento, todo es más ligero y amable, oyes reír al viento, el ruido ya no está, no existe, y su tacto es suave y juguetón, como el de la caricia de un niño con manos templadas y amorosas.

Dentro de esa nube que se ha creado a tu alrededor, tienes por fin la certeza de que, en cualquier momento, en cualquier lugar, alguien de tu tribu aparecerá en tu camino, y volverás a sentir el calor que ya no reconocías dentro. Alguien que, como tú, creía estar solo y perdido en un lugar a veces demasiado desconcertante, y ambos sonreiréis al reconoceros como iguales.

Sólo es cuestión de tiempo encontrarse.

domingo, 22 de octubre de 2017

Ojos de niño

Cumpliste los treinta hará ya unos años, pero tus ojos siguen siendo los de un niño.
La mirada se me antoja dulce, curiosa, y a ratos traviesa y retadora.
Transmiten bondad, fortaleza, y alguna que otra cicatriz producida por el desengaño.

Apostaría a que más de una vez alguien te rompió el corazón, fue deshonesto, faltó a su palabra, traicionó tu confianza, y te decepcionó. Espero que esas heridas cerraran del todo. Nadie se merece que supures por su mal hacer.

Sin embargo, no permitiste que que tus ojos se convirtieran en dos piedras de cristal, duras y frías, inertes, que miran a un lugar que ni siquiera existe, y agradezco encontrar esa mirada amiga y acogedora cada vez que se cruza con la mía.

domingo, 15 de octubre de 2017

Un día libre

Llevo dos días haciendo nada, como si el tiempo fuera por un lado, y yo por otro, como si todo pasara por delante sin verme, sin contar conmigo. Es una sensación extraña, pero cómoda. No hay pena, no hay dolor, simplemente, es un impass que se ha tomado mi mente de motu proprio.

A veces pasan muchas cosas en poco tiempo, o pocas cosas en mucho tiempo, pero se procesan todas en un momento determinado, cuando tenemos la clave para hacerlo. De todas formas, cantidad y tiempo son conceptos relativos.

Otras veces, simplemente necesitamos descansar, o tenemos la sensación de no hacer nada porque, de habitual, hacemos tanto que nos da poco margen a sentir, y cuando sólo sentimos, las variables externas cambian mucho. Quizá sólo sea eso, quizá sólo sea que he aprendido a no tener el ordenador en marcha todo el día y he dejado espacio la no exigencia contínua. Y hablo de mí, por no hablar de ti, que quizá estás sintiéndote culpable por tomarte un día libre.

domingo, 8 de octubre de 2017

Escríbeme un cuento.

¡Escríbeme un cuento!, me dijo,
y le hablé de una niña que regalaba narices de clown y llevaba flores en su corazón,
una niña con el pelo despeinado y la sonrisa fresca e inocente,
con luz de diamantes en sus ojos, y un abrazo generoso.

¡Escríbeme un cuento!, me dijo,
y le hablé de las noches que pasó en vela, asustada por los truenos de tormentas ajenas,
ignorando que un paraguas de arco iris le protegía, mientras se contaba chistes con el sol.

¡Escríbeme un cuento!, me dijo,
Y sólo pude sonreír al sentir tanta ilusión.