domingo, 15 de abril de 2018

Crearé un nuevo mundo para ti, y lo llamaré caos.

Crearé un caos de juego y humo de colores, de risas, canciones, y baile, un caos en el que las palabras giren solas y se formen poemas al hablar, un caos que ordene nuestro desordenado y extraño mundo.

El caos es el origen, donde todo está en su estado natural, puro, primitivo, donde no hay juicios ni reglas, donde lo que es, es, y es lo que es. No hay bien  ni mal, no hay posible daño, sólo aprendizaje y un seguir adelante, tomar decisiones, aceptar consecuencias, con honor, coraje, y honestidad, sin perder la alegría y la ilusión de un niño, sin matar al niño.

Viviremos en ese caos a ojos de los ordenados, con sentido y orden para nosotras, con reflexiones y confesiones que hacen brotar sonrisas donde hubo dolor y lágrimas, donde el juego tiene espacio, donde un abrazo es casa y nada malo te puede pasar.

Crearemos ese mundo entre piedras y adoquines que cubrirán las flores, hasta llegar al mar, donde nos sentaremos frente al atardecer, y observaremos cómo la magia vuelve a suceder, y el tiempo juega a esconderse.

domingo, 1 de abril de 2018

Soy.

Fuente
Soy color.
Soy luces, y soy sombras,
de esta vida, de otras vidas aún dentro de ésta y anteriores.

Soy fantasmas que vienen y van, que atormentan y dan verdad,
que resuelven cuestiones que no se formulan pero están presentes,
que se disuelven con su cometido.

Soy ira, soy justicia, soy fuerza con los nobles y contra los bandidos,
ladrones de tiempos e ilusiones, incapaces de disfrutar de un soplo de vida genuina.

Soy caricia, soy silencio, soy quien vela el descanso de quien reposa cerca.
Soy reflexión y secreto, soy quien guarda la llave que no debes alcanzar.

Soy carne, soy voluble, soy vulnerable,
soy mundana y mordaz, apasionada y fría según toque.
Soy quien se bebe tu vino y te invita a pecar.

Soy ahora, soy siempre, soy nunca, soy pasado, soy mañana.
Soy aquí, y soy lejos. Soy una y soy todas las que soy en cada momento y al mismo tiempo.
Soy, y a veces no es fácil ser, pero no ser no es una opción.

domingo, 4 de marzo de 2018

Con Nombre De Ciudad

Me gustaría tener nombre de ciudad, creo que es una tarjeta para viajar,
como un viaje es conocer a cualquier persona.

Quizá así seríamos más conscientes de ello, como lo somos de que las ciudades van cambiando y que nunca las terminas de conocer, aunque vivas en ellas toda la vida.

Londres, Madrid, Chicago, Toronto, Sydney, Nairobi, Oslo, Conpenhague, Moscú, Pula, Lyon, Viena, Kansas, ...
Cada una tiene su magia. Si no las conoces, quizá su nombre te resuene y te invite a investigar sobre ella, a planear una visita.
No es necesario que sea el nombre de una capital, puede ser de un pueblo, o de un país.
¿Te imaginas llamarte Bilbao, o Kenia? Cuanto menos, original.

Quizá al conocerla en persona no surja el flechazo, incluso puede que haya incompatibilidad, aún gustándote. Otras veces, acabas allí casi por accidente, ya que la casualidad no existe, y surge el amor de una forma de la que nunca te hubieras imaginado.

Me gustaría tener nombre de ciudad, pero aún no he elegido de qué punto del mapa. Aún me quedan muchas por conocer.
¿Tú cómo te llamarías?

domingo, 28 de enero de 2018

Blanca

Blanca, tierna, exuberante,
así se mostraba su carne, joven y apetecible.

Generosa, me permitía apreciar una pierna de piel luminosa, en la que se adivinaba una incipiente celulitis, imperfección apetecible y tentadora que invitaba a tocar, a acariciar, a apretar cariñosamente, y a morder con deseo aquella jugosa fruta de fragancia dulce y tacto suave.

Inocente y poderosa.
Un gesto descuidado, una falda traicionera, y un golpe de viento,
la combinación perfecta que regalan la imagen de una sensual nalga al afortunado transeúnte,
desarmado ante su sonrisa cuando se ve descubierto por la mirada de una diosa que camina entre los simples mortales.

domingo, 21 de enero de 2018

Días de barro.

Hay días que se hacen densos, que parecen lentos pese a atravesarte con la misma e insultante velocidad de siempre, mientras tú sientes que vas a cámara lenta.

Días en los que la lluvia no ayuda, sólo acompaña. Intenta abrazarte, envolverte, protegerte, con su nube de humedad, pero solo eres capaz de sentir el frío y el trueno en tu interior.

Días, en los que los pies se te hacen barro, caminar es una tarea que te deja sin aliento, más allá de la pereza que sienten tus pulmones por hacer por respirar.

Días en los que la película que viviste hace un año se repite en tu cabeza, y nadie más es consciente de ella, sólo la ves tú, una y otra vez, con el mismo triste final.

Días, que sabes que pasarán, pero que debes trascender, agarrándote a los buenos recuerdos, intentando sujetar imágenes, tacto, olores, y emociones, que se escurren entre los dedos, sin permitir que te lleven con ellos a vivir en la tristeza.

Días, en los que debes mirar hacia el hoy, y agradecer lo bueno que te trajo el ayer, aún con esos agujeros que se te van quedando en el alma al seguir tu camino, y que sólo se remiendan pensando en un bonito hogar al otro lado del arco iris para aquellos que tuvieron que marcharse antes que tú.

Runrunrunrun...sonaba su motorcillo. Un año ya.


domingo, 14 de enero de 2018

La bailarina del viento

fuente
Su caminar era ágil, rápido, elegante. No invitaba a la prisa, sino a la danza.

Sus movimientos parecían naturales y espontáneos aún dentro de una estudiada coreografía en la que su pelo y las telas jugaban con el viento.

Era fascinante ver cómo su vestido cambiaba de forma y de color, hasta de modelo, sin apenas una pausa que diera a pensar que no iba todo enlazado.

Iba y venía, paseando con sus pies descalzos sobre los guijarros calientes a la orilla del mar, y jamás resbalaba o daba un paso en falso. Parecían conocerse muy bien, y alegrarse de la mutua presencia.

En apenas dos minutos, contó su historia, recogió algún aplauso, vendió alguna de sus prendas, y su petate y ella marcharon con la misma volatilidad con la que llegaron, para alegrar el día a otros visitantes del lugar.

Gracias por un espectáculo tan inesperado como inspirador.

domingo, 7 de enero de 2018

El brindis.

Adeline y Sophie pidieron una botella de champán. No les importó que el sitio no fuera el más caro o reputado de la ciudad. Se encontraban tan ilusionadas con sus recién estrenadas vacaciones que una franquicia de restaurante asiático les pareció el mejor lugar del mundo para celebrar.

Llamaban la atención, no sólo por su extraña petición, sino por ellas mismas, por la luz que irradiaban, y el misterio que transmitían.

Sophie era menuda, de rasgos finos, elegante, delgada, con un cuerpo firme aún sin llegar a marcar la musculatura. Le encantaba presumir de su piel morena y su larga y lustrosa melena.
Era una chica de 17 años con un porte que prometía conseguir cualquier cosa que se propusiera. El chic francés se le salía por los poros.

Posaba para su móvil y subía sus mejores fotos a Instagram mientras Adeline la observaba.
Contrastaba con su amiga mulata y conjuntaba a la perfección.

Era de corte corpulento, pero no era una chica entrada en carnes, o desgarbada. Simplemente, era más grande, rotunda, y de formas más blandas y redondeadas que su amiga.
Su cara de luna blanca contenía unos pulposos labios rojos que sonreían ante las muecas de Sophie, y sus bonitos ojos azul cristal se escondían bajo la capota heredada de los parpados de su madre holandesa. Tenía un par de años más que Sophie, y muchos sueños por cumplir, aunque no se veía capaz de alcanzar ni la mitad de ellos.

Sophie y Adeline habían estado planeando este viaje durante meses. Les apetecía pasar el fin de año en otro pais, donde nadie las conociera, ni ellas conocieran a nadie, para ser totalmente libres, como decía Sophie; o para declararse, como pretendía Adeline. No sabía si se atrevería finalmente, pero pasar cinco días a solas con aquella diva a la que adoraba le valía para gastarse todos los ahorros de los que disponía en ese momento.

Para Sophie era diferente. Venía de familia adinerada, y todo le resultaba más sencillo a nivel económico, pero su frialdad escondía mucha soledad, y más de un secreto familiar que había que guardar bajo siete llaves.
Ella desconocía los sentimientos de su amiga hacia ella, o fingía hacerlo. Le gustaba dejarse querer, pero no tenía una postura clara al respecto. Le gustaba jugar en esa tierra de nadie en la que se había instalado su relación.

-"¡Brindemos!"- dijo Adeline.
-"¡Por...!¿por qué?"- y las carcajadas se oyeron desde la mesa del fondo.

Daba igual por qué brindaran. Eran jóvenes, bellas, tenían sueños, y una amiga enfrente. Brindemos por ellas. Por Adeline y por Sophie. Por la amistad, por las mujeres, por el amor, por la aventura, por vivir. Por este nuevo año que acaba de comenzar.