domingo, 15 de octubre de 2017

Un día libre

Llevo dos días haciendo nada, como si el tiempo fuera por un lado, y yo por otro, como si todo pasara por delante sin verme, sin contar conmigo. Es una sensación extraña, pero cómoda. No hay pena, no hay dolor, simplemente, es un impass que se ha tomado mi mente de motu proprio.

A veces pasan muchas cosas en poco tiempo, o pocas cosas en mucho tiempo, pero se procesan todas en un momento determinado, cuando tenemos la clave para hacerlo. De todas formas, cantidad y tiempo son conceptos relativos.

Otras veces, simplemente necesitamos descansar, o tenemos la sensación de no hacer nada porque, de habitual, hacemos tanto que nos da poco margen a sentir, y cuando sólo sentimos, las variables externas cambian mucho. Quizá sólo sea eso, quizá sólo sea que he aprendido a no tener el ordenador en marcha todo el día y he dejado espacio la no exigencia contínua. Y hablo de mí, por no hablar de ti, que quizá estás sintiéndote culpable por tomarte un día libre.

domingo, 8 de octubre de 2017

Escríbeme un cuento.

¡Escríbeme un cuento!, me dijo,
y le hablé de una niña que regalaba narices de clown y llevaba flores en su corazón,
una niña con el pelo despeinado y la sonrisa fresca e inocente,
con luz de diamantes en sus ojos, y un abrazo generoso.

¡Escríbeme un cuento!, me dijo,
y le hablé de las noches que pasó en vela, asustada por los truenos de tormentas ajenas,
ignorando que un paraguas de arco iris le protegía, mientras se contaba chistes con el sol.

¡Escríbeme un cuento!, me dijo,
Y sólo pude sonreír al sentir tanta ilusión.

domingo, 1 de octubre de 2017

Piensas demasiado

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-"Piensas demasiado".
Eso fue todo lo que acertaste a decir tras más de 10 minutos de reírnos de un absurdo juego que ni recuerdo de dónde sacamos.

Se trataba de saber qué era lo que más nos molestaba del otro, o qué cualidad encontrábamos más negativa en su personalidad. Nos conocíamos lo suficiente como para poder responder a esa pregunta sin miedo a la destrucción mutua asegurada. No habría sangre.

Sin embargo, en un momento de mi vida en los que me encontraba mil defectos, sobre todo de carácter, sacaste a relucir algo en lo que ni siquiera había reparado, y que no era tan evidente como mi mala leche o mi lengua viperina, famosas por mérito propio.

Quizá me conocías mejor de lo que parecía, pero la distancia personal que yo siempre marcaba, y el que tú esperaras que te fuera a buscar, cuando, ni por asomo, era algo que pudiera surgir de forma natural en la diva que llevaba dentro, nos impidió saber que hubiera pasado un poco más allá del muro.
Creo que fue uno de los momentos más íntimos que llegamos a tener en una relación que flotaba entre superficialidades.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Si mañana me casara...

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Si mañana me casara, no vestiría de blanco. El blanco es bonito y reúne el arco iris, pero las historias se escriben con trazadas de diferentes colores.

Si mañana me casara, no firmaría papeles. Los contratos son fríos y sin alma, y el amor es un ente vivo y apasionado, con pulso, y calentito.

Si mañana me casara, lo haría con la vida, más allá de la persona, porque es lo que permanece y lo que te sostiene, una auténtica historia de amor que no puede ofrecerte nadie, aunque sí pueda acompañarte en ese viaje.


domingo, 17 de septiembre de 2017

En casa.

Cuando son tus pasos los que te guían,

cuando tus ojos son nuevos y antiguos al mismo tiempo, y su brillo radia en todas las direcciones,

cuando el sonido del mar y tu corazón palpitan a la vez, y las piedras susurran tu nombre,

cuando los desvelos desaparecen por arte de magia, y todo suena diferente, fuerte, y desde dentro,

cuando reconoces un lugar en el que nunca has estado, y sientes que es allí a donde tu alma pertenece,

cuando la tierra te invita a caminar, y el agua baila contigo,
cuando la roca te sostiene y el aire te acaricia,

Entonces, sólo entonces, sabes que estás en casa.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Labios Salchicheros

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Si hay una moda estética femenina que jamás debió volver, son los labios salchicheros.

Recuerdo con horror cómo, cada vez que una chica/mujer/fémina empezaba a ser conocida, o intentaba serlo, de repente aparecía un buen día como si se hubiera quedado pegaba a una barra de hielo toda la noche, o una familia de avispas hubiera torturado sus labios durante horas, dejándolos con un aspecto hinchado y casi amoratado, con la piel de la mucosa tan fina y tan estirada que parecía que iba a rajarse en cualquier momento.

Afortunadamente, la cordura pareció llegar al grueso de las intervenciones estéticas, y, aunque seguía habiendo infiltraciones y retoques, presentaban un aspecto más natural.

Sin embargo, estamos en pleno revival de los 90s, y ese aspecto labial exagerado y grotesco ha reaparecido, y parece que va a más según pasan los días.

Sé que la idea es que la boca se vea más carnosa, pero el problema es que no se consigue un aspecto uniforme, porque lo que se rellena primero es lo que más hueco tiene, que es el pellejo de la mucosa, ese que permite elasticidad al labio, y no es bonito; y, para cuando quiere llegar el relleno al contorno, éste se ha deformado, y parece que te acaban de pegar un puñetazo en los morros. Personalmente, tener delante a una persona con este tipo de labio, me inquieta, me pone nerviosa; sobre todo, si no va maquillado. Con un labial encima, parece que no vaya a explotar, por lo menos.

Entiendo que cada cual es totalmente libre de torturarse o maquearse, según el caso, como mejor le parezca pero, ¿de verdad se ven mejor así? He visto auténticas bellezas estropearse y conseguir una boca extraña por este efecto. Si no de salchicha, de trucha, que no sé qué es peor.

Un labio fino no es, necesariamente feo. De hecho, dos de las mujeres más bonitas que conozco tienen los labios finos, con una forma exquisita, que parece dibujada, y cruzo los dedos porque no se la retoquen.


domingo, 3 de septiembre de 2017

Y de amores, ¿qué?

Hacia una eternidad que no hablábamos, se quedó pendiente el vernos tras un par de frases cruzadas sobre una foto en una red social, y el azar hizo que nos cruzáramos una mañana en la que ambas llegábamos 5 minutos tarde.

Volvimos a dejar en el aire ese ponernos al día, el remendar el agujero temporal tan crecido que había marcado distancia en nuestra amistad, y sabiendo que era seguro el lugar, unos días más tarde crucé la puerta, dispuesta a conocer qué aventuras y desventuras acumulabas en tu bitácora, y a reirnos de las propias.

Estabas ocupada, sorprendentemente. Se suponía un día tranquilo, pero había demasiado tránsito, y la conversación que se pretendía íntima no iba a poder ser, pero quizá, si desempolvábamos nuestros códigos personales, podríamos decirnos más de lo que pareciera a cualquier oído extraño.

-"Y de amores, ¿qué?"-.
No me podía creer que lo que más te interesara, después de tanto tiempo, fuera un cotilleo sentimental, ni que te importara muy poco que la persona que estaba justo a nuestro lado, una perfecta desconocida, se enterara de mi vida amorosa.

Un ¿cómo te va?, ¿estás trabajando?, te veo bien, ¿en qué andas ahora?,...o cualquier otra pregunta más lejana al corazón, más del montón, habría sido un buen comienzo. Incluso el arrancar por comentar algo propio, o lo fortuito del encuentro pasado. Ya más tarde quizá hubiera aparecido ese tema, pero, empezar por ahí, fue como si toda mi vida se redujera a una posible pareja, como si fuera lo más importante, lo único. Lo que más te interesaba de mí en estos tantos años de ausencia era alguien que no era yo. Muy triste todo.